
En el programa "Paisaje Ciudad", conducido por Malena Rodríguez y con la participación de William Reyesfield, se explora el impacto del boom de construcción en Punta del Este y Maldonado durante los...
En el programa "Paisaje Ciudad", conducido por Malena Rodríguez y con la participación de William Reyesfield, se explora el impacto del boom de construcción en Punta del Este y Maldonado durante los años 70 y 80, un fenómeno que transformó radicalmente la región. Este período, que abarcó desde finales de los 70 hasta la crisis de 1982, se caracterizó por una rápida inversión inmobiliaria que llevó a la construcción de más de 12,000 viviendas, 65 edificios en altura y 2.5 millones de metros cuadrados en solo siete años. Este crecimiento fue excepcional para Uruguay, donde la población y la red de ciudades suelen ser estables; en Maldonado, la población se duplicó en 20 años, convirtiéndolo en el principal centro urbano después del área metropolitana de Montevideo.
Willy Reyesfield señala que el boom generó una transformación notable en el perfil altimétrico de Punta del Este, con la sustitución de casas bajas y chalés por torres en altura, especialmente sobre la avenida Roosevelt, que pasó de ser un área residencial de baja densidad a un eje de gran altura con torres exentas rodeadas de verde. Aunque este cambio fue criticado por la pérdida de arquitectura moderna de pequeña escala, como las obras de los arquitectos Serres y Jorge Arran, también dejó ejemplos de calidad, como el edificio Torreón y la obra Capsasal (de Cayoli, Valente y Silvamon), que fueron reconocidos en publicaciones académicas. Además, se mejoró el espacio público con la consolidación de la rambla y la plaza Artigas, creando un lugar democrático y accesible, a diferencia de otros balnearios donde el espacio público es limitado.
El arquitecto Leonardo Altman, invitado al programa, explica que el boom fue un proceso vinculado a la apertura económica de 1974 durante la dictadura, que movilizó la economía y generó migraciones laborales hacia el este del país. Esta inversión se concentró en la península de Punta del Este y la costanera, transformando la materialidad del paisaje y la infraestructura. Aunque hubo polémica por la altura y la ocupación del suelo, la normativa de construcción de 1974 (con anexos en 1977 y 1978) fue un acierto al permitir torres exentas con un cuarto de manzana, evitando la construcción entre medianeras como en Mar del Plata. Esta regulación mantuvo proporciones y espacios verdes, aunque la crisis de 1982 dejó algunos proyectos inconclusos.
El programa concluye que, a pesar de las críticas, el boom dejó un legado mixto: buena arquitectura, mejoras en el espacio público y un crecimiento infraestructural vigoroso, pero también la pérdida de edificaciones históricas y un cambio en la identidad del balneario. Altman y Reyesfield coinciden en que este fenómeno debe valorarse con perspectiva, reconociendo sus aciertos y errores, y que sigue siendo relevante para entender las transformaciones urbanas actuales en Uruguay.