
En este episodio del podcast "Todes Fakes", se explora la idea de que "todo es fake" desde una perspectiva filosófica. Dario Stan Raior, docente y divulgador, argumenta que, llevado al extremo, todo...
En este episodio del podcast "Todes Fakes", se explora la idea de que "todo es fake" desde una perspectiva filosófica. Dario Stan Raior, docente y divulgador, argumenta que, llevado al extremo, todo puede considerarse una apariencia, ya que la verdad tradicional —entendida como lo que es y no puede ser de otro modo— ha muerto. Esta "muerte de la verdad" se presenta como una cuestión política, una imposición humana histórica, tal como sugirieron pensadores como Nietzsche y Marx. En este contexto, surge el concepto de posverdad, que Dario define principalmente como un "autoengaño": un proceso donde, ante la ausencia de verdades fijas, los individuos seleccionan e interpretan aspectos de la realidad para autojustificar sus creencias preexistentes, en lugar de abrirse a un diálogo genuino con lo otro o lo diferente.
El debate se extiende al impacto de la tecnología y las redes sociales. Se cuestiona la idea de que estas plataformas nos hayan hecho más mentirosos o falsos. Por el contrario, se propone que siempre hemos construido personajes y performado identidades; la tecnología simplemente hace más evidente esta condición "trucha" inherente. La distinción entre lo público y lo privado, o entre lo auténtico y la impostura, se revela como una tensión permanente de la condición humana, no como un producto nuevo de lo digital.
Respecto a la concentración y el pensamiento en la era digital, se rechaza la noción de que la tecnología la destruya. En cambio, se argumenta que la concentración se transforma, adaptándose a un entorno de polifuncionalidad y "multitasking". El desafío no es recuperar un modelo de atención del pasado, sino comprender y trabajar con las nuevas formas cognitivas que surgen de las condiciones materiales actuales. Finalmente, se critica a la filosofía por no tomarse suficientemente en serio el estudio de la tecnología como un elemento constitutivo de lo humano, y no como un mero accidente externo. La reflexión concluye señalando que el verdadero peligro no reside en las máquinas (como la inteligencia artificial o el Big Data), sino en el propio ser humano y su capacidad para el autoengaño y la destrucción.